“Descubre los sentidos que realmente importan más allá de los cinco clásicos”
- Redacción

- 26 ene 2025
- 2 Min. de lectura
¿Cómo está tu postura en este momento? ¿Erguida o encorvada? Estas simples posiciones, al igual que las expresiones faciales, envían señales al cerebro que influyen en nuestro estado emocional y en cómo procesamos el mundo. Esto lo afirma la doctora Nazareth Castellanos, neurocientífica e investigadora en el Laboratorio Nirakara-Lab, vinculada a la Universidad Complutense de Madrid.
Según Castellanos, nuestra postura y rostro tienen un impacto directo en el cerebro. “Si frunce el ceño, estoy activando la amígdala, una región cerebral asociada al estrés. Esto me hace reaccionar más intensamente a situaciones estresantes”, explica. Sin embargo, suavizar la expresión relaja esta zona y disminuye la reactividad emocional.
Además, la científica destaca que no tenemos solo cinco sentidos, como normalmente se enseña, sino siete. Los más importantes son la interocepción (la percepción interna del cuerpo, como los latidos del corazón o la respiración) y la propiocepción (la conciencia de nuestra postura y gestos). Estas señales internas son prioritarias para el cerebro y moldean nuestras emociones.
La postura y su efecto en la memoria.
Un estudio reciente demuestra que una postura encorvada, común al usar dispositivos electrónicos, no solo afecta la percepción emocional, sino también la memoria. Castellanos menciona un experimento donde personas inclinadas hacia un ordenador grababan menos palabras y eran más propensas a evocar términos negativos. Por el contrario, una postura erguida ayuda al cerebro a mantenerse más ágil y positivo.
El poder de la sonrisa.
Castellanos también resalta el impacto de los gestos faciales en el cerebro: “Simular una sonrisa activa zonas cerebrales relacionadas con la creatividad y la identidad emocional, como la ínsula. Esto nos hace más receptivos y alegres”. Incluso pequeños gestos faciales pueden alterar cómo interpretamos el entorno, creando lo que ella llama una “migración del estado anímico”: el cerebro adapta nuestras emociones a la postura o expresión del rostro.
La respiración, clave para el cerebro.
La respiración es otro factor crucial. Castellanos subraya que inhalar por la nariz y exhalar lentamente no solo mejora la memoria, sino que también regula las emociones. Una respiracion pausada actúa como un marcapasos para el cerebro, ayudando a mantener el equilibrio.
Escuchar los susurros del cuerpo.
Para Castellanos, aprender a observar el cuerpo es esencial. “Las emociones sin el cuerpo serán solo ideas intelectuales”, asegura. La neurocientífica invita a desarrollar una mayor conciencia corporal, identificando dónde se sienten las emociones y practicando la atención plena en los movimientos, la postura y la respiración.
Conocer y cuidar nuestro cuerpo no solo mejora la salud física, sino que también fortalece nuestra capacidad para gestionar emociones y tomar decisiones más acertadas. Observar nuestras posturas, respiración y sensaciones nos conecta con lo que sucede dentro de nosotros, permitiéndonos aprovechar las herramientas que ya poseemos para mejorar nuestro bienestar.










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