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El enigma del rascado: alivio inmediato con un propósito oculto

  • Foto del escritor: Redacción
    Redacción
  • 30 ene 2025
  • 2 Min. de lectura

Rascarse cuando pica es un acto casi instintivo, difícil de resistir y, curiosamente, placentero. Pero también es una paradoja: aunque puede empeorar la inflamación y retrasar la curación, un estudio de la Universidad de Pittsburgh, publicado en Science, revela que el rascado es mucho más que un simple reflejo, pues desempeña un papel clave en la defensa contra infecciones cutáneas.


Los investigadores, liderados por Daniel Kaplan, estudiaron ratones con dermatitis alérgica y descubrieron que el rascado activa neuronas del dolor que liberan la sustancia P, una molécula que estimula a los mastocitos y atrae a los neutrófilos, células inmunitarias esenciales. Esto intensifica la inflamación, pero también reduce la carga bacteriana en la piel. “Cuando tienes una infección cutánea superficial, el rascarse es realmente importante para que el sistema inmunitario controle la bacteria”, explica Kaplan.


Este hallazgo sugiere que el rascado no es solo un hábito molesto, sino un mecanismo evolutivo de defensa. En el caso de infecciones por Staphylococcus aureus, la inflamación generada ayuda a controlar el crecimiento bacteriano, lo que podría explicar por qué este comportamiento ha perdurado a lo largo de la evolución.


Aun así, los expertos advierten sobre sus riesgos. La dermatóloga Esther Serra señala que, aunque el rascado tiene un efecto protector en infecciones agudas, en enfermedades crónicas como la dermatitis atópica puede ser más perjudicial que beneficioso. “La inflamación prolongada puede facilitar la entrada de alérgenos y empeorar la condición de la piel”, advierte.


El estudio también abre nuevas puertas en la dermatología. Kaplan menciona que su equipo trabaja en una crema tópica basada en compuestos naturales que podría controlar la picazón sin desencadenar inflamación. Silvia Sánchez Ramón, presidenta de la Sociedad Española de Inmunología, destaca que este estudio da una explicación más clara al “círculo vicioso sin fin” del picor y el rascado, lo que podría conducir a nuevas estrategias terapéuticas.


Así, lo que antes se consideraba un simple impulso, ahora se revela como un comportamiento con doble filo: perjudicial en exceso, pero con un propósito inmunológico clave. Aunque Kaplan insiste en que “si tienes picor, no te rasques”, la ciencia sugiere que, en ciertos casos, este instinto podría estar trabajando a nuestro favor.




 
 
 

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